A diez años del asesinato de Berta Cáceres y del intento de asesinato de su compañero mexicano Gustavo Castro, desde la Red Mexicana de Afectadas y Afectados por la Minería (REMA) reiteraron que este crimen no fue un hecho aislado. Fue el resultado de una estructura empresarial, financiera y estatal que operó para proteger intereses económicos sobre territorios indígenas.
El comunicado acusa que el atentado contra Berta tuvo como consecuencia también el intento de asesinato y la retención violenta de Gustavo Castro por parte de autoridades hondureñas, en un intento de criminalizarlo y desviar el proceso de investigación. La exigencia inmediata de la familia de Berta, del Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras (COPINH) y de las luchas solidarias en Honduras, México y el mundo logró su liberación y colocó en el centro la verdad: Bertha fue vilmente asesinada por su lucha junto con los pueblos, advirtieron.
A diez años, el Informe Final del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI) sobre el caso Berta Cáceres documentó que el asesinato fue una operación organizada con participación de directivos de la empresa DESA, redes de crimen organizado y complicidad de agentes estatales. Fue un crimen previsible y prevenible. El Estado tenía información sobre su planificación y no actuó para proteger su vida. La investigación evidenció una arquitectura financiera que desvió recursos, incluidos fondos de bancos internacionales, para financiar vigilancia, inteligencia ilegal, incursiones armadas y el propio asesinato. Los bancos emitieron cheques que terminaron pagando a los sicarios. Se trató de un crimen con motivación empresarial, inscrito en un modelo extractivo sostenido por captura institucional y violencia estructural.
Desde su denuncia frontal contra el imperialismo y las intervenciones de Estados Unidos en Honduras y Mesoamérica, Berta trabajó por fortalecer al pueblo lenca y por tejer la solidaridad entre los pueblos de América Latina, ratifica el comunicado. Su lucha no fue únicamente territorial: fue profundamente política y continental. Cuestionó los Tratados de Libre Comercio, el saqueo corporativo y el modelo de “desarrollo” impuesto sobre nuestros territorios. Hoy, el COPINH y la energía de Bert siguen convocando en una misma lucha: por nuestros ríos, por nuestras tierras, por las montañas y los bosques; contra el imperialismo, el colonialismo, el patriarcado y por la soberanía de los pueblos, plantean.
A diez años, Berta simboliza al pueblo organizado y a las mujeres desafiando al extractivismo. En un contexto de guerras, autoritarismo y ofensiva fascista en el mundo, su voz está más viva que nunca para recordarnos que la esperanza no se rinde y que los pueblos no somos sumisos.
REMA, abraza con respeto y memoria viva a la familia de Berta, que durante estos diez años ha sostenido con dignidad la búsqueda de verdad y justicia, y al COPINH, que ha enfrentado persecución y criminalización con la intención de quebrar su organización. No lo lograron. El COPINH sigue en pie, defendiendo el territorio lenca, honrando su ancestralidad y cuidando el río Gualcarque como espacio sagrado y fuente de vida.
Berta no es pasado: es raíz, es fuerza y es esperanza, dice el COPINH. Vive en cada territorio que defiende la vida frente al despojo. Vive en la exigencia de justicia pendiente contra los Atala y todos los oligarcas que buscan apropiarse del agua y de los bienes comunes. Para REMA vive en la memoria de Juan, de Tomás, de Mariano, de Bety Cariño y de todas y todos los compañeros que han dado su vida por la defensa de los pueblos.
Finalmente, se unen a la exigencia de justicia por Bertha, por su familia, por el COPINH y por su compañero Gustavo Castro.
